24 marzo, 2014

Las exportaciones españolas: abocadas al decrecimiento

¿Cuánto tardará en alcanzarnos el sombrío panorama 
que se define en el horizonte de nuestras exportaciones?


El mes pasado ya hice sonar la señal de alarma cuando en "Exportaciones VS. Consumo interno e Inversión" haciéndome eco de los primeros avisos que señalan que al igual que comprarse un piso hace unos años para los particulares, exportar para las empresas parece que no está siendo sino una moda.

Y es que debido a nuestro déficit comercial "genético" en cuanto el consumo repunta mínimamente, como parece estar haciendo, las importaciones aumentan muy por encima de nuestras exportaciones, teniendo un efecto muy negativo sobre éstas últimas.





Hoy rescato un artículo del diario Expansión del mes de octubre que ya profundizaba en en lo tramposas que son las exitosas cifras de exportación de estos últimos años: "No sólo de la bajada de salarios viven las exportaciones" 

El autor pone el foco en el hecho de que las exportaciones españolas hayan ganado competitividad basándose fundamentalmente en el recorte de costes salariales no ha sido sino una  reacción de emergencia que no va a durar mucho tiempo. Primero porque los salarios tendrán que volver a subir por la devaluación que ya han sufrido y porque es imprescindible para que vuelva el consumo interno.
Tanto el aumento de las remuneraciones como del consumo interno jugarán en contra de nuestras ventas internacionales a partir de ahora.

Por supuesto que hay que competir en precio, nuestro problema es qué damos en contrapartida; o mejor dicho qué otros elementos configuran nuestra oferta: ¿I+D? ¿alta formación y cualificación? ¿marca país? Todos ellos han sufrido recortes en los últimos años, cuando más aumentaban nuestras exportaciones, luego no pueden ser los factores decisivos. Y no sólo eso, sino que para que lo sean tendríamos que mirar al medio - largo plazo. Esos plazos no existen en este país.

Y después de estos factores, ¿qué nos queda? La financiación a las empresas aún es inexistente y la estructura pública de apoyo está claramente sobredimensionada en personal, descentralizada, descohesionada y sin recursos económicos. Ultimamente ya no dan ni dinero...

El tamaño de nuestras empresas es ridículo y el agrupacionismo fracasa: la asociaciones nacionales sectoriales patinan por sus tensiones internas y nuestra incapacidad para trabajar por un bien común.

Y por último el factor que más nos hacía avanzar pierde fuelle: la necesidad. 

Sí, algo tan básico. Ojalá hubiese sido la convicción, la altura de vistas o un espectacular aumento de la suma de nuestra imagen exterior y el valor añadido de nuestra oferta. Pero no; ha sido un factor tan voluble que en cuanto las pocas empresas que van quedando se vayan asentando y asuman el nuevo tamaño de su mercado nacional sabiéndose supervivientes de la gran debacle volverán por sus fueros al rinconcito en el que se encuentran cómodas. Pensarán que han sido tan buenas que lo han conseguido sin apenas exportar y que ahora toca hacerse fuerte y marcar territorio entre las ruinas.

Como conclusión no hay ningún factor que en el corto plazo pueda mantener el crecimiento de nuestras exportaciones, que paradógicamente se mezclará con el sentimiento de que el tejido empresarial se recupera. Lo dicho, la internacionalización ha sido flor de un día.



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