25 febrero, 2013

EL IMPREVISIBLE FUTURO DE LA EXPORTACION ESPAÑOLA

Más allá de la espectacularidad de los últimos resultados los pilares de la exportación española siguen siendo débiles


factores de competitividad internacionales
Todo el mundo a estas alturas puede haber escapado a la última moda en España: exportar. 

Yo lo noto mucho en mi entorno con comentarios del tipo "con todo lo que estamos exportando te estarás forrando, ¿no?" o "con todo el trabajo que seguro que tienes mira a ver si me contratas..."

Mientras repito alguna de las respuestas tipo que ya tengo preparadas, (incluida alguna versión jocosa según lo mal que me caiga quien me lo pregunta) no puedo evitar pensar cómo están las cosas realmente o con qué tipo de empresas y empresarios me toca a veces lidiar.

El caso es que la sensación que tengo es que no hay semana en la que no salga publicada alguna noticia sobre lo bien y lo mucho que ya exportamos. Cuando no son noticias de alguna asociación sectorial, es algún político regional o incluso, más llamativo, algún artículo de fuera de España.

Todos vienen a decir que estamos batiendo récord tras récord y que pronto exportaremos más de lo que importamos.

Hasta aquí todo bien. Hay que mantener a flote la moral colectiva y qué duda cabe que si no fuera por lo que vendemos fuera no quiero pensar cómo estaríamos.



Sin embargo más allá de estos mensajes y pensando si esta situación puede perdurar yo me pregunto cómo de bien estamos exportando. Y la conclusión a la que llego me preocupa: igual que antes de la recesión. Con las mismas carencias, lastres y problemas.

Desde mi punto de vista es fácil llegar a esa conclusión cuando evalúo qué ha mejorado o qué estamos haciendo mejor en los últimos seis años: ¿Mayor grado de inversión? ¿Más I+D?¿Salto de calidad en la formación de nuestros trabajadores o empresarios? ¿Quizás un histórico cambio de mentalidad empresarial?¿Aumento sustancial en el nivel técnico o tecnológico de nuestros productos? Las respuestas no se responde con un "no" rotundo, pero creo que más o menos todos estaríamos de acuerdo sobre como han evolucionado todos estos factores.

Ni siquiera podríamos decir que el apoyo institucional haya mejorado. El constante recorte de presupuesto del órgano de referencia nacional, el ICEX, ha sido notable en los últimos años. Y la coordinación  entre los distintos órganos tampoco es que parezca mejor. 

Si por un lado muchos, que no todos, los organismos regionales centralizan y unifican oficinas en el extranjero, un paso en la buena dirección; ahora resulta que la Confederación de Empresarios se sale por la tangente y crea su propio organismo de internacionalización. Debe de ser que para algunos el número de organismos todavía no es suficiente.

En los últimos días he leído tres artículos que me parecen esclarecedores. En "¿La solución?. Exportaciones, ¡naturalmente!" Santiago Niño lista los defectos con los que cuenta nuestra estructura exportadora tales como escaso valor añadido, concentración regional del origen de las exportaciones o  una histórica baja productividad que además está ligada al mercado de trabajo.

"El extraño caso de las exportaciones de España" deja al descubierto la sensibilidad de nuestra oferta exportadora frente al tipo de cambio del Euro, efecto de vender por precio y muy peligroso en la actual guerra de divisas en la que nos hayamos inmersos.

Por último en "El resurgir de la exportación española, ¿mito o realidad?" Mario Weitz y Patricia Morandina señalan que exportar no puede ser más que una solución temporal a corto plazo. La solución pasa por la educación, el I+D y el desarrollo tecnológico. Además entre sus soluciones para exportar más incluyen desde mejorar el nivel de inglés, a la formación pasando por la financiación y la Marca España.

En definitiva los factores fundamentales en los que basar el desarrollo sostenido de nuestra internacionalización no sólo no están mejorando sino que parecen estar siendo arrastrados por la tendencia económica. Los recortes presupuestarios, la mala gestión  y la falta de creación de sinergias junto con una insuficiente financiación están poniendo en riesgo nuestra competitividad internacional.

Una voluntad nacida de la más extrema necesidad y una importante bajada de precios posible gracias a la pérdida de empleos, ¿serán factores suficientes el día de mañana?



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